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Sociedad
Muere al huir del incendio de una vivienda vecina deshabitada

Lleida - Alfonso L. Congostrina  2007-11-18
Los técnicos analizan el lugar del siniestro.
Los técnicos analizan el lugar del siniestro. (Yannick Sanches)
Pasaban unos minutos de las dos de la madrugada de una de las primeras noches gélidas de este otoño en la capital del Segrià. Las luces de las viviendas tardaban un poco más en apagarse en augurio de un nuevo fin de semana . Aún así, en la calle Músic Vivaldi no se podía respirar la tranquilidad de otras vísperas de fin de semana. En el segundo cuarta del número 34 de la citada calle se originaba un incendio. El fuego fue consumiendo poco a poco todos los enseres que había en la vivienda. Un piso presuntamente desocupado desde hacía meses, sin instalación de gas y posiblemente con la luz desconectada.

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Pero lo más triste del suceso no ocurría en esa vivienda. Mientras las llamas iban consumiendo poco a poco el pequeño apartamento presuntamente desocupado, Julio Reches, un merchero vecino de Lleida y de 30 años, estaba en el comedor de la vivienda que compartía con su hermano y su cuñada. Julio era del barrio, pero sólo hacía unos meses que había ido a vivir al apartamento después de separarse de su mujer con la que compartía un par de hijos. Alarmado, y supuestamente adormilado, se despertó entre el humo y se asomó a la ventana. Su hermano y cuñada comenzaron a bajar las escaleras del rellano lleno de humo. Los once vecinos del inmueble bajaron atropelladamente las escaleras y pusieron su vida a salvo. Mientras Julio pensó que la única escapatoria posible era la ventana. En décimas de segundo se abalanzó hacia un tubo relleno de cables de la luz y se agarró fuertemente para iniciar el descenso y ponerse a salvo de las llamas.
Apretó fuertemente las manos, aún así, se quedó con el cable en las mismas al no soportar el peso y cayó nueve metros al vacío rebotando en un par de tendederos los cuales no amortiguaron la caída. El cráneo de Julio impactó contra el asfalto. Rápidamente los vecinos fueron a auxiliarlo pero Julio, aunque consciente, no podía articular palabra. Mientras yacía en el suelo, seguía sujetando el cable y por su cabeza, ojos y boca no salía otra cosa que no fuera sangre.
La cadera también la tenía afectada. Su hermano y su cuñada pensaron que también había bajado escaleras abajo cuando se lo encontraron sobre la acera. En ese momento, y entre vecinos en pijama, llegaron los Mossos d’Esquadra. Rápidamente llegaron los bomberos y la Guardia Urbana. Según los propios vecinos la ambulancia no llegó con la rapidez con la que se desplazaron los otros cuerpos y Julio seguía en la acera sin poder pronunciar palabra. “Julio, no te duermas, no te duermas”, le gritaba una vecina mientras los sanitarios al fin llegaron. Tras inmovilizarlo e introducirlo en la ambulancia lo trasladaron hasta el Arnau de Vilanova. Julio falleció minutos más tarde. Nada se pudo hacer por su vida y la multitud de lesiones que le había provocado una caída desde una distancia de nueve metros fueron totalmente incompatibles con su vida.
Mientras el joven leridano recientemente separado y con toda la vida por delante fallecía, los vecinos seguían en pijama esperando que los Bomberos de la Generalitat apagaran el “maldito” incendio.
Los once vecinos regresaban a sus casa e intentaban dormir después de haber impregnado sus retinas con tan dramáticas imágenes.
El sol volvía a salir y, con él, el turno de los investigadores. La casa donde se originó el incendio llevaba dos meses vacía. La cerró su propietaria después de reconciliarse con su pareja y regresar a Mora de Ebre. ¿Cómo empezó el fuego?, eso estaban intentando averiguar los Mossos y los Bomberos ayer. Algunos vecinos aseguraron que cuando bajaban por las escaleras para huir del fuego vieron como la puerta estaba abierta. La vivienda no tenía gas y la luz supuestamente estaba cortada. “¿Quién pudo entrar allí y porqué incendiaron la casa?”, se preguntaban todos los vecinos. “¿Porqué saltó Julio al vacío? si hubiera podido tener escapatoria por la escalera”, aseguraban algunos jóvenes .
“La imagen del pobre Julio en la acera la tendré gravada en mi mente mucho tiempo”, se lamentaba una vecina.


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