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Los restauradores de la ilusión
Lleida - Eric Porcel
2008-07-20
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La fundación ASPROS fue creada por unos padres que no se resignaban a que sus hijos quedaran apartados de la sociedad. Veinte años después, la ley LISMI les ayudó a dar un paso adelante. Desde entonces, los discapacitados síquicos de la provincia han trabajado bajo la protección de un proyecto que los ha ayudado a crecer. El taller RestaurAntic emplea a decenas de jóvenes discapacitados que trabajan para dejar atrás sus problemas y competir en un mercado laboral feroz. De momento, han conseguido hacerse un hueco y no dejan de progresar en el mundo de la restauración.
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En ocasiones hay personas que deciden emplear su tiempo ayudando a los demás de forma desinteresada. No se sabe por qué, pero dejan a un lado los intereses individuales y se dedican a hacer la vida un poco más fácil a aquellos que lo necesitan. Éste es el caso de la fundación ASPROS, una entidad sin ánimo de lucro que se entrega en cuerpo y alma a satisfacer las necesidades de los disminuidos síquicos que necesitan un empujón para integrarse en la sociedad.
Esta fundación nació en 1962 cuando un grupo de padres con hijos que sufrían discapacidades intelectuales decidió revelarse y demostrar que aquellos discapacitados, sus hijos, eran perfectamente capaces de desarrollar actividades de forma competente.
Fue un proyecto pionero en el Estado, por lo que su valor se multiplica. Veinte años después de su creación, en 1982, llegó a España la “Ley de Integración Social de Minusválidos” (LISMI), hecho que catapultó el proyecto. El trabajo y la voluntad formaban parte de la fundación desde su mismo nacimiento. Con la LISMI, la administración pública se unía a la lucha por la integración de los discapacitados.
Uno de los proyectos que conforman su columna vertebral son sus residencias. Gracias a diferentes iniciativas dan cabida a cientos de enfermos. En estos lugares reciben apoyo sicológico y son capaces de desarrollar actividades de la vida cotidiana de forma controlada.
En el ámbito laboral, la fundación ASPROS toma una gran fuerza. Se divide en dos vertientes realmente interesantes: los Servicios de Terapia Ocupacional, un proyecto que emplea a más de 230 personas que no están preparadas para trabajar en el mercado laboral ordinario, y los Centros Especiales de Trabajo (CET).
La actividad que se está llevando a cabo desde estos centros es realmente digna de elogio. Los discapacitados y los profesionales que los tratan conforman una verdadera familia, llena de fuerza. Los disminuidos, o mejor dicho los luchadores, son capaces de introducirse en el mercado laboral ordinario y competir con empresas multinacionales en un mercado cada vez más feroz, con resultados envidiables y sin ningún tipo de concesión.
Desde estos centros se trabaja en jardinería, manipulación de alimentos, carpintería de aluminio, informática y destrucción de documentos confidenciales. Todas estas tareas las realizan personas con un grado de discapacidad sicológica superior al 33%, que suplen estas deficiencias con esfuerzo, tesón y unas enormes ganas de superarse. Así lo afirma Joan Escolà, uno de los sicólogos del centro de ASPROS en Sudanell. Escolà asegura que “estas personas no tienen techo”.
Pero si en algún mercado destacan los CET es en el de la restauración de mobiliario antiguo. Si la finalidad del centro, cuyo nombre comercial es RestaurAntic, es ya de por sí digna de alabanza, la tarea que desarrollan lo hace impregnarse de connotaciones casi mágicas: en este centro se dedican a devolver la vida a mobiliario antiguo, mobiliario olvidado que es resucitado por estas manos llenas de ilusión.
De esta forma, se dedican a restaurar muebles antiguos y piezas de coleccionista que provienen tanto de clientes particulares como de museos. Este trabajo requiere paciencia y consciencia, ya que el valor sentimental y económico de los objetos con los que se trabaja es grande. Desde este taller se ha colaborado, entre otros, con el Museu RodaRoda o el Museu de l’Aigua de Lleida.
El proyecto del taller de restauración nació en 1996 como una anécdota. En ese momento nadie esperaba que se daría vida a tantos muebles que perecían en el olvido. Actualmente, cuentan con un espacio de más de 600 metros cuadrados y tienen una lista de espera de varios meses. Según Jordi Florensa, Graduado Superior en Artes Gráficas y monitor del taller, “los primeros sorprendidos del trabajo somos nostros mismos y las propias familias”.
Desde el taller se han restaurado piezas que rondan los cuatro siglos de antigüedad: armas de fuego, botas de vino, sillas modernistas, diligencias etc. Además, se trabaja con madera recogida de vertederos y casas derruidas, por lo que el valor de la iniciativa es aún mayor.
El proceso de restauración de las piezas empieza por la estimación de un presupuesto y sigue con la decapación. Asimismo, se aplica un tratamiento contra los hongos y la carcoma para, finalmente, pulirlas y barnizarlas.
Al finalizar las actuales obras de remodelación, se instalarán una tienda y una exposición con las restauraciones más destacadas. No obstante, el trabajo de estas personas no cesa. Hasta la situación actual los han traído el esfuerzo infatigable y la perseverancia. Son conscientes de lo logrado, pero sus ganas de crear, aprender y disfrutar no tienen límites.
La última joya de la fundación Aspros es una barca que se utilizó para transportar grava en la construcción del canal d’Urgell. Se ha tardado unos seis meses en restaurarla y se espera que se esponga en breve en el Espai Cultural dels Canals d’Urgell.
También se está trabajando en la restauración de un molino de harina para el Museu de la Vida Rural de l’Espluga de Francolí.
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