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Las redes de evasión pasaron 90.000 personas a España por los Pirineos
Lleida - Francesc Guillaumet
2010-03-10
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Entre 1939 y 1944 se calcula que 90.000 personas pasaron la frontera desde Francia a España por la cordillera pirenaica. Si durante la Guerra Civil fue frecuente el paso clandestino hacia Francia con las redes de evasión, el inicio de la Segunda Guerra Mundial provocó que muchas personas –la mayoría judíos– hicieran el camino inverso para escapar de los nazis o combatirlos de nuevo. Este es el punto de partida de Las montañas de la libertad. El paso de refugiados por los Pirineos durante la Segunda Guerra Mundial (Alianza Editorial), un libro del historiador Josep Calvet, miembro del Servei d’Història de la UdL.
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El autor explica que en un primer momento las personas que escapaban del nazismo utilizaron los pasos tradicionales de frontera, como Irún, La Junquera o Andorra. “Se trataba de judíos, banqueros o gente con dinero que podían conseguir papeles y pasar a España”, afirma Calvet. A partir de 1940, Hitler presionó a Franco para que rechazara la entrada a España de estas personas, por lo que se extraditaron muchísimos judíos que después acabaron en los campos de concentración nazis. A partir de 1942, y con la ocupación nazi de Francia, las fronteras fueron un paso “impermeable” que provocó que las redes de evasión funcionaran con “mayor intensidad”. Josep Calvet, que dice que 50.000 personas, la mayoría judíos, fueron extraditados de nuevo, explica que entre los 500 kilómetros de la cordillera pirenaica entre Irún y Portbou se utilizaron los pasos naturales que habían usado la gente del lugar durante toda la vida. Andorra, l’Alt Empordà, el Pallars, la Cerdanya y Huesca fueron algunos de los lugares más utilizados por las redes de evasión para pasar a España a franceses que querían unirse al ejército de De Gaulle, a judíos que huían de los nazis o a pilotos del ejército aliado. El autor argumenta que en la Segunda Guerra Mundial tuvo mucha importancia la aviación. “Muchas veces había aviones pero faltaban pilotos”, por lo que los servicios secretos aliados se emplearon a fondo para que los pilotos que habían sido abatidos pudiesen volver a su Ejército a través del paso a España con las redes de evasión. El autor también comenta que al finalizar la guerra, los guardias fronterizos alemanes huyeron a España por el Aran. Allí se les desarmó y se les llevó a la Universitat de Cervera para pasar después al campo de concentración de Miranda de Ebro.
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