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Opinión
Fernando Blasco: “Utilizo la magia para enseñar matemáticas a los escolares”

2006-10-19

Se dice que “las matemáticas son una ciencia exacta: siempre sabes que las vas a suspender”. Fernando Blasco es matemático y niega que esta ciencia sea por definición sesuda y aburrida. Para ello recurre a los trucos de magia. Hasta el próximo sábado ofrece talleres en el Centre Cultural i Social de ”la Caixa”.
— ¿Matemagia o Magiamática?
— Esos son proyectos antiguos que presentamos al concurso Ciencia y Nación, un programa de divulgación científica que a veces recurre al espectáculo. Lo que hago ahora se llama Magia y Ciencia.
— ¿Los matemáticos tienen alma de showmans?
— Puede ser, pero lo que yo realmente pretendo es hacer algo diferente. Quienes nos ponemos delante de la pizarra seguramente queremos hacer algo vistoso que le guste a la gente. En este caso, se trata de mostrar el lado más lúdico de las matemáticas. Históricamente, el primer juego de magia ya está descrito en un libro del matemático Luca Paccioli en colaboración con Leonardo da Vinci. Y después ha habido muchos más matemáticos que han recurrido a la magia.
— ¿Eso se puede llevar a las aulas?
— Se puede y se debe llevar a las aulas porque así los alumnos prestan más atención. Por ejemplo: he comprobado que si recurres a la magia hay más escolares que quieren salir a la pizarra. Eso les motiva. Supongo, sin embargo, que si se hiciera cada día acabaría por aburrir. Hay que hacerlo de forma excepcional.
— Es como un juego.
— Claro, la magia es un juego. A los magos no les gusta hablar de trucos porque suena a trampa, prefieren decir juegos, que es más divertido. Y lo que hay detrás de muchos trucos o juegos es pura ciencia. Por ejemplo, Robert Houdin, padre de la magia moderna, asombraba al público encendiendo un montón de velas en un teatro. Pero lo único que hacía era usar la electricidad cuando apenas nadie la conocía. Arthur Clarke decía que una tecnología avanzada no se puede distinguir de la magia.
— Se podría decir que una simple calculadora hace magia.
— Claro, al igual que los ordenadores o los teléfonos móviles. Las matemáticas están en casi todo y no sólo en las ecuaciones y en los problemas.
— Cuando yo estudiaba, las matemáticas eran un tostón, ¿y ahora?
— Puede ser que eso justifique el fracaso de esta asignatura. Pero depende de los profesores. En la universidad es más difícil enseñar sin pegar el rollo, pero en los colegios creo que se puede dar clase jugando.
— En general, se hace poca divulgación científica, ¿verdad?
— Sí, aunque poco a poco se está cambiando.
— El periodismo científico está de moda.
— Ésa es una buena señal. Y también lo es que cada vez haya más interés por recurrir a la magia para divulgar la ciencia. Yo, por ejemplo, cada vez hago más talleres de este tipo.
— Ha encontrado un filón.
— Siempre me ha gustado esto. Casi todo lo que hago lo he aprendido en libros de Martin Gardner, que curiosamente era periodista y no matemático.
— Los matemáticos tienen fama de ser raros.
— Los hay raros. Además, este año coincide que se hizo el Congreso de Matemáticos de Madrid y que uno de ellos no fue a recibir el premio. Pero también los hay muy normales. Lo que pasa es que los matemáticos suelen trabajar solos y eso conduce a la rareza. A los físicos les pasa lo mismo.
— Y a los escritores.
— Sí, supongo que también hay escritores raros.
— ¿1 + 1 siempre suman 2?
— No. Si trabajas en binario, uno más uno suman cero. Y recuerde que si al sumar te llevas uno de antes resulta que uno más uno son tres. Las reglas rígidas no existen en matemáticas.
— ¿No es una ciencia exacta?
— No. Y menos ahora, cuando lo que más se hacen son aproximaciones, sobre todo en ingeniería y en ciencias sociales. Los ordenadores pueden dar resultados aproximados a problemas que antes eran irresolubles. Pese a todo, se producen errores tan infantiles como el que sufrió el Discovery, que explotó porque combinaron unos cálculos hechos en kilómetros y otros en yardas.
— ¿Los ordenadores han modificado las matemáticas?
— Sobre todo ayudan a descubrir aplicaciones en problemas industriales. Pero sigue habiendo matemáticos que programan los ordenadores. Siempre existirán problemas que deberán resolver los matemáticos.
— ¿Es muy grave no saber, por ejemplo, resolver una división negro sobre blanco?
— Hombre, es grave... pero, afortunadamente, están las calculadoras. Mis colegas me lincharán por decir eso. La verdad es que se usa poco el cálculo mental, pero va bien para que, por ejemplo, no te estafen en la cuenta del supermercado. Pero lo importante, sobre todo para los escolares, es tener claro que las matemáticas sirven para resolver problemas.
— ¿Qué tal se defienden los niños de Lleida con las matemáticas?
— Los dos grupos que ya han pasado por el taller se han defendido bastante bien. Incluso se han atrevido a salir a la pizarra a hacer multiplicaciones, a pesar de que seguramente consideran que son un rollo. Creo que se sorprenden con algunos juegos y me parece que se dan cuenta de que las matemáticas no son tan raras como creían.
— ¿Y los profesores?
— Yo creo que también les interesan estas experiencias y estoy convencido de que quieren hacer bien su trabajo, lo que pasa es que el sistema educativo no funciona demasiado bien y eso acaba por quemarles.
— ¿Qué cree que pensará Juan Tamariz de sus talleres?
— He asistido a alguna clase de magia de Tamariz. Es un gran mago y sabe mucho de ciencias.
— ¿De mayor le gustaría ser mago?
— Yo sólo soy un aficionado que hace trucos para los amigos. Ser profesional de la magia es muy duro: tienen que practicar ocho horas al día.


Diego Aránega

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