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Opinión
Maria Antonia Querol Fernández: “Siempre se ha hecho una lectura machista del origen humano”

2006-12-02

L a Universitat de Lleida (UdL) dedicó una semana a debatir sobre la prehistoria y lo hizo desde prismas muy diversos. Una de las charlas, de la catedrática María Antonia Querol, se dedicó a la mujer en el origen del hombre.
— ¿La mujer también ha sido discriminada por la Historia?
— En general se habla poco de la mujer en cualquier tema científico, ya sean matemáticas o historia. Se supone que la ciencia es aséptica, pero no es así ni en lo que se refiere al lenguaje utilizado ni en cuanto a su significado. Por ejemplo, cuando en historia se habla de las tropas que iban a la guerra, nadie piensa en las mujeres. Pero también estaban allí. Las mujeres siempre han sido ignoradas por la historia, a pesar de su gran papel.
— ¿Por qué?
— Porque la historia la han escrito los hombres y, además, buena parte de ella se la han inventado hombres victorianos, estrictos y muy católicos, que hacían una lectura a rajatabla de la biblia.
— ¿Eso es una crítica al catolicismo?
— Sin la menor duda. Y no soy la única que critica el catolicismo. Hay muchos libros que se refieren a ello. Por ejemplo, el libro de García Estébanez, que se titula ¿Es cristiano ser mujer? El título ya lo dice todo. Allí se demuestra que la iglesia católica, en general, es misógina.
— La propia expresión “el origen del hombre” es machista, ¿no?
— Mi generación está educada para pensar que cuando se habla del hombre, sobre todo si va en mayúsculas, allí también se incluye a la mujer. Nos ha costado mucho comprender que las mujeres no somos hombres, que somos personas.
— Tal vez su conferencia debería titularse ‘El origen de la mujer’.
— No, eso confundiría. Yo no me quiero referir al origen de la mujer sino a cómo se ha tratado la figura de la mujer al estudiar los orígenes humanos.
— ¿Cómo se la ha tratado?
— Hasta que no aparece la teoría de Darwin no hay ningún problema porque todo el mundo creía que Dios había creado primero al hombre, Adán, a su imagen y semejanza (casi nada). Dios le regala el paraíso y hace que todos los animales desfilen frente a él para que les ponga nombre. Y cuando el hombre se da cuenta de que está un poco solo y de que no hace buena pareja con ninguno de aquellos animales, es entonces cuando Dios le arranca una costilla y crea a la mujer para que le ayude y le haga compañía. Poco después, según la biblia, la mujer cae en la tentación del diablo y arrastra al hombre al pecado, a comerse la manzana. ¿Y qué hace Dios entonces? Castiga a Adán a trabajar con el sudor de su frente y a la mujer a parir con dolor y a estar sometida al hombre.
— ¿Y después de Darwin?
— Darwin pertenecía a una sociedad victoriana muy machista y, evidentemente, omitió en sus estudios que la mujer fue tan importante como el hombre en el origen de la humanidad. Por contra, Darwin postuló que la evolución humana se basaba en la caza, que, por supuesto, ejercían los hombres.
— ¿Qué se sabe de la mujer prehistórica?
— No se sabe nada.
— ¿No se ha estudiado?
— En los estudios científicos, tienes que plantear hipótesis que después se puedan corroborar. Y en arqueología aún es más complicado: encontramos huesos y piedras que nos dicen lo que comían, qué materia prima utilizaban, pero no nos informan sobre si esas materias las usaban los hombres o las mujeres.
— Entonces, la perspectiva de género no se aplica en arqueología.
— No se aplica en la arqueología más remota, en aquella que se refiere a los orígenes de la humanidad. Por contra, en la protohistoria, es decir, en la época íbera o incluso antes, ya se hacen una serie de hallazgos significativos como, por ejemplo, tumbas. Y en las tumbas hay huesos que se pueden sexar y que ofrecen información sobre cómo vivían unos y otras. También hay representaciones humanas en la cerámica.
— ¿Se puede decir que esta época ya había machismo?
— Sí, lo que consideramos machismo hoy día ya existía entonces.
— ¿Tal vez por la prevalencia de la fuerza?
— Tal vez, pero yo creo que es más importante el hecho de que la mujer sea la reproductora de la especie. Puede que sea cierto que el hombre se dedicara a la caza y la mujer a la reproducción. Pero, ¿por qué la literatura científica le da más importancia a lo primero que a lo segundo? Por contra, a mí me parece más importante parir que cazar.
— Por lo que veo, la especie humana no ha evolucionado demasiado, ¿verdad?
— En cuanto a perspectiva de género se ha evolucionado algo, pero muy poco. Entiendo que es muy difícil superar 2.000 años de educación cristiana y machista. Por ejemplo: es muy difícil usar el lenguaje de forma apropiada. Se suele utilizar el masculino cuando se habla de la mayoría. Sin embargo, deberíamos usar el femenino cuando nos referimos a las personas. Yo creo que uno de nuestros principales derechos es el de nombrarnos. Por eso no entiendo a las mujeres médicas o profesoras que se autodenominan médicos o profesores.
— ¿Hay más arqueólogas que arqueólogos?
— Pues... no lo creo... bueno, puede que haya una cierta paridad. Eso es habitual en el ámbito de las humanidades, donde, en principio, no hay demasiado poder a repartir.
— ¿Las arqueólogas no tienden a hacer una lectura feminista del pasado?
— Existe la arqueología de género, que cada vez tiene más importancia. En los últimos 20 años se ha trabajado bastante sobre ese tema y en Estados Unidos hace aún más tiempo. En los años 70, muchos científicos de todos los ámbitos empezaron a preguntarse sobre la forma de investigar y de construir discursos.
— ¿Y eso a dónde nos lleva?
— A tener consciencia de que la ciencia no es objetiva y de que la verdad absoluta no existe.


Diego Aránega

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